Realidad: simbólica e imaginario

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El artículo de esta semana fue escrito por David R. Gámez Merced, ex-alumno de nuestra facultad. Actualmente labora como profesor, colabora con la revista Gaceta Humanidades (Ahora Conversaciones) y se encuentra estudiando la maestría en Filosofía en la Universidad Veracruzana.

 

 

Realidad: simbólica e imaginario

Tal parece que la noción de realidad nunca ha sido agotada, y eso resulta favorable para nuestros fines teleológicos como hiperbóreos, porque si hoy tenemos la mejor acepción para lo que entendemos por realidad, se debe a que nosotros como poseedores del espíritu apolíneo, heredamos por medio de esa filiación la capacidad de hacernos cada vez mejor de lo que es la realidad. A saber, la historia etnocéntrica-filosófica nos devela que Europa occidental desde los griegos hasta hoy, han tenido esa tarea como primordial y han sido – señala la historiografía – los únicos en consolidar un proyecto de tal magnitud, con la <<verdad>> de por medio. Así, la pregunta ¿Por qué el ente y no más bien la nada? Nos evoca nuestro punto alfa de donde parte la búsqueda por “lo real”, aunque, recordando a Lacan, más bien el interés se centró por “lo que es real” y no por “lo real”, <<lo real no tiene nada que ver con ninguna realidad>> nos informa Lacan.

Lo cierto es que, nuestras formas culturales imponen mucho a nuestra episteme, el modo de vernos con la realidad ya viene determinada por una forma – lo apolíneo – de encuentro con ella. La pregunta filosófica, la precomprensión del mundo, las estructuras lingüísticas que nos permiten la referencia a aquello “que es real”, explicitan el modo, los medios y los fines en que culminará toda investigación de esta envergadura.

Tenemos todo un proyecto teledirigido desde la antigüedad que busca responder la pregunta por “aquello que es real”, el ente, pero no heredamos solo la pregunta, sino las formas y los modos en que debemos hacernos esta pregunta una y otra vez. Una pregunta que tiene sentido para lo occidental, es decir, tiene un significado específico y de cierta primacía, porque el pensamiento occidental y “lo real” se encontraron de alguna u otra manera, y se necesito registrar dicho evento sin paragón que, a decir de Nietzsche fue “trágico”, de ahí que en un primer momento el “mito”, atravesado por el símbolo y la imaginación fue eficaz para narrar el encuentro, pero sólo el encuentro, no lo encontrado.

De ahí que el “logos” represente el supuesto “avance” hacia una nueva forma de explicitar “lo real”, aunque siempre se esfuma porque no hay forma de preguntarlo con propiedad, la pregunta indirecta por “lo que es real”, la ontología, nos aproxima solamente. La filosofía occidental consiste en buscar “lo real” a partir de “lo que es real”, de ahí entenderíamos el carácter ascético que adquiría en sus primeras exposiciones, queriendo situar en el “mundo ultraurano” aquello que interpela al pensamiento, padeciendo (pathos) no poder asirlo.

Es importante visualizar que “mythos” y “logos” no se superponen como consecuencia de “avanzada” hacia otro estadio, sino que al contrario se ven atravesados el uno por el otro, de tal manera que, la simbólica que el “mythos” resguarda como constructo de lo imaginario de la cultura occidental, es el mundo de lo precomprendido que Ricoeur señala pasa al “logos”, de ahí que él mismo nos haga énfasis en que <<la filosofía no inicia nada nuevo>> sino que parte de la precomprensión.

La realidad es tal para Occidente, porque así se las ve con ella (simbólica e imaginariamente), no obstante, las formas en que otras culturas entran en contacto con “lo real” hará manifiesto que la realidad no es lo que para occidente representa, el ejemplo más claro está en Oriente y las formas de pensamiento que ahí se gestaron, pienso por ejemplo, en la “Escuela de la vía media” en la India, que cuenta con un proyecto de pensamiento sobre la realidad que, en la propuesta del “filósofo” hindú Nᾱgᾱrjuna, toda ella descansa sobre la <<vacuidad>> y es la condición primaria de todo “lo que es real”.

Simbolismo e imaginación determinan lo que entendemos por realidad, “lo real” quizá siempre se nos escape y, precisamente esa sea la miseria del <<pathos>> humano, aquello que le falta, aquello que añora y que, gracias a Dios se nos hace posible en la religión y el misterio.

 

David R. Gámez Merced.

 

 

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